domingo, 26 de agosto de 2007

De nivolas, de agonistas y de Unamuno

Recientemente acabé de devorar la corta pero certera novela de Miguel de Unamuno, su Tres novelas ejemplares y un prólogo. Lo más que me gusta es su Prólogo por el uso del narratario; que es a quien va dirigida la novela en sí. Pude ver cuando se refiere directamente a éste cuando dice “tú, lector y yo, o nos pregunta ¿Qué? ¿Os parece un lío?” Lo interesante de esta técnica es que al envolver al lector en el uso de las preguntas autoreferenciales se deja ver una tercera persona en la relación de autor y lector real que se conoce como el lector implícito. Me parece muy eficiente el uso de este recurso en su Prólogo para explicar todas las novelas que le siguen. Muy poco se ha dicho del estudio del narratario o lector implícito en la teoría literaria. Unamuno nos da unas pistas de cómo es su lector imaginario o inconciente, en esto claramente se puede ver una influencia del expresionismo alemán sobre como desfigurar la realidad. Algo muy importante en la o las novelas (que son cuatro), es encontrar el conflicto de la novela-nivola-prólogo. El autor trae una serie de explicaciones en las que se encuentran, una posible salida para los críticos, un ejemplo de la vida misma y un ejemplo de cómo crear personajes literarios creíbles y sustanciosos. Pero sin embargo, hay una que se puede sacar de todas las demás razones mencionadas y que puede ser la de mayor validez literaria; la lucha por dar claridad a las creaciones, que como el autor mismo menciona, es otra tragedia. Dentro del Prólogo se encuentra una crítica a la novela moderna, de cómo ésta ha ido devaluando su función artística a ser mero objeto de oferta y demanda. Si fuera por ésto, diría que Unamuno se adelantó a su tiempo, dado el bombardeo de la pseudoliteratura o la autoayuda que tenemos hoy día.


La ejemplaridad en las tres novelas consta en sí de varios temas que a través de las mismas el autor los va recogiendo. Nos lanza a un mundo sin muchas descripciones de lugar, puede ser en una casa como en Dos madres y en El marqués de Lumbría o en una comarca donde se desarrolla Nada menos que todo un hombre. Como se puede ver, en las tres novelas el ambiente es en el interior de los espacios donde ocurre toda la trama, se puede decir que al parecer el autor nos trata de dar la alegoría de cómo es la mente humana por dentro y cuales son sus inquietudes. No hay un tiempo definido enmarcado por el autor, sólo el orden de los sucesos en el que ocurren los hechos, donde los personajes desarrollan sus planes. El autor los trata como si fuera un dios dándole libre albedrío para acometer sus actuaciones. El uso del diálogo o la mímesis por el autor nos deja entrever cómo son los personajes por dentro, ¿qué hay en su psiquis? Además de que les da más libertad para expresarse y ser ellos mismos, sin ataduras de la descripción.


Los temas tratados son recurrentes y sus personajes o agonistas son débiles y fuertes, antítesis el uno del otro, se repelen pero se atraen; uno de los rasgos de la complejidad humana. En Dos madres los temas del miedo, el amor fatal, la infidelidad, la genealogía, el egoísmo y más, son tratados por el autor como sentimientos volitivos en los seres humanos; que se empeñan por tener lo que no pueden lograr, ejemplo de eso lo podemos ver en Raquel, la mujer estéril, que a toda costa quiere tener un hijo. En esta misma novela se trata de un tema respecto a los personajes bíblicos de Abraham, Sara y Agar, pero enmarcado en la modernidad, donde el personaje fuerte es Raquel que a su vez representa a Sara. El desenlace de esta novela nos deja con una pregunta ¿cuán draconiano puede ser un ser humano?


Al igual que Dos madres los personajes de El marqués de Lumbría tocan los temas del amor, la envidia, el escándalo y la herencia, se ven sumamente pronunciados, enmarcados en la paternidad de los agonistas. Similar a la otra novela, el autor toca el tema del triángulo amoroso con dos agonistas débiles y cobardes y un agonista fuerte y decidido, que es Carolina, la hermana mayor. Pero como objetivo principal es el llamado Cainísmo sufrido por las hermanas, Carolina y Luisa que se riñen por el amor de un hombre, Tristán, el prometido de Luisa. Donde mejor se ve esto es en el cambio de actitud de las hermanas, sugerido por el autor con una precisión firme, sin caer en las descripciones que desinflan la trama. Luego lo mismo sucederá con Pedrín y su primo Rodriguín, caerán en el círculo vicioso de la vida y de los juegos de los adultos.


En Nada menos que todo un hombre la locura (que las tres agonistas mujeres han leído o leen novelillas), el machismo, el deber, el sometimiento y la infidelidad son los detonantes para el cambio de un hombre, que curiosamente empieza como el fuerte y termina como el débil. De hecho, el final va en concordancia con el título, un hombre que termina siendo eso mismo, un hombre con defectos, sobre todo humanos. Tendría que señalar que en cuanto a la temática y añadiendo un punto muy importante en las novelas el autor trata temas similares desde diferentes puntos de vista. Los amolda a los personajes para que se adhieran a su situación de vida y no se descarrilen de sus objetivos, en una el tener un hijo, en otra la felicidad y la verdad y en el último el amor y el perdón de la amada. Cabe señalar aquello que dice el autor en su Prólogo de que: “un símbolo puede llegar hacerse hombre. Y hasta un concepto. Un concepto puede llegar hacerse persona”. Habría que comer más de la novela para descubrir qué encierra la cabeza de los personajes de Unamuno, aquello de que son lo que no quieren ser, pero que no quieren ser lo que no son, similar al ser humano que nunca está conforme.

2 comentarios:

Terra dijo...

Hola Jota J.,
aquí visitándote y gustándome lo que leyéndote descubro.
Sé de un profe que te fusilaría si un narrador tuyo trata de comunicarse directamente con el lector, como lo hizo Unamuno. ¿Será que no sabía escribir?
Besos!

Terra dijo...

Gracias por arriesgarte a que te gustara mi narración que no llegó a ser cuento. Perdón por los inconvenientes.