lunes, 5 de mayo de 2008

La figuración desde la colonia

“… si algún signo musical puede representar a nuestros
paisanos, ese signo es la semifusa; casi no existen,
yacen lánguidas, sin conciencia de nada, amodorradas,
ríen cuando el violinista les ataca e insulta, gozan con el
castigo, no huelen a nada, no pesan, participan en la
partitura porque no les queda otro remedio, no tienen
la menor idea de que pertenecen a un determinado
contexto, no parecen reconocer en los otros signos
un parentesco real; en fin, las semifusas son entidades
totalmente confusas.”

Akiro, de Figuraciones en el mes de marzo, Emilio Díaz Valcárcel



Por excelencia, esta novela nos da un golpe muy duro en la cara, tomando como argumento principal el coloniaje en Puerto Rico. Su protagonista, el puertorriqueño Eduardo “Eddy” Leiseca agoniza fuera de su país, para ser más claro en España. Esto en un sentido muy alusivo, ya que anteriormente vivió en Nueva York y se da muy constantemente la comparación entre la madre patria y el Tío Sam. Enfocaré mi análisis en tres cosas que a mi juicio son muy importantes en la novela. El primero de ellos es el objetivo que quiere mostrar el autor con su obra, que si el lector se deja llevar por la estructura podría concluir que es una novela experimental y descartarla como otra más que toca el tema monocorde del ¿qué somos? Si éste busca un esquema fijo en la misma no lo hallará, si gusta tiene que armarla por si sólo. Atreverse a leer Figuraciones en el mes de marzo es encontrar unas realidades no vistas o poco trabajadas por algunos autores en la forma de la novela. ¿Por qué hacer una novela con una estructura tan compleja y a la misma vez captar la imaginación del lector convenciéndolo de que sí hay una trama?

Lo real en Figuraciones en el mes de marzo es que hay un objetivo predispuesto, éste se presenta a través del humor negro, la frustración y el tránsito que sufre la identidad Eddy en el exilio. No se me tome a mal cuando digo lo de la identidad, pues en la novela la identidad se mezcla con la colonia, que son dos cosas muy diferentes. La diferencia estriba en que la identidad es algo particular que define al individuo, mientras que el tema de la colonia es algo más político en sí. Puede haber pueblos que tengan identidad propia, eso incluye religión, cultura, lengua, etc. y a la misma vez no tener un estado político y vivir dentro de uno que le es ajeno. Un ejemplo claro y actual sería el pueblo kurdo, que no tiene un estado político definido y la franja de Gaza en Israel que es un pueblo dentro de otro pueblo. Disculpen el desvío, pero es un caso muy similar, ¿cuántas personas similar Eddy habrá ahora mismo pasando por la misma frustración intelectual? Por eso la novela funciona como un palimpsesto imborrable que trae a la realidad el vuelco cultural en el que vive Puerto Rico hoy día. El tema de la novela siempre estará actualizado hasta que concluya el problema del coloniaje en Puerto Rico, por eso espero que esta novela pase de moda mientras esté vivo, en el mejor sentido de la aseveración.

El segundo elemento de que se vale el autor son sus personajes. La mayor parte del tiempo el curso de la novela define como redondos o planos el principal. En esta el personaje se define así mismo como el principal. Eddy se pierde entre las menciones a otros personajes que también son actantes en la novela. Éste actúa como una sombra y juega el papel del nadie, que en realidad se interpone entre el sentimiento de angustia que siente el protagonista por su país colonizado y la frustración de la infecundidad literaria. Si a esto le añadimos a Yolanda, la esposa culturalmente asimilada y que acepta la docilidad como algo normal tendremos un conflicto de primera instancia que nos presentará las dos caras del puertorriqueño en el exilio.

Otro tema sufrido por el protagonista es el de la negritud, cuando el autor lo compara con otro personaje como el de Cristeto Aguayo. Un veterano de la guerra de Corea que fue ascendido de rango con tan sólo catorce años de edad. En el mismo el autor hace uso de su humor negro y de la ironía para criticar las crueldades de la guerra, además de señalar la mentalidad del puertorriqueño colonizado y entregado al servicio del invasor. Mancio Picapiedras es el némesis de Eddy en el proceso de creación. Un escritor críptico, oscuro y pedante, con unos gustos muy particulares que hacen eco en su trabajo literario. Algo excéntrico, le gusta gastarles bromas pesadas a sus amigos, en especial a Eddy, cuando se dirige a él como Aparato. Se puede ver muy claro en la novela como se da el proceso creativo respecto a este personaje, Eddy le escribe una carta a Mancio y este le contesta con un manuscrito de mil páginas, restregándole en la cara que él sí puede crear, Eddy no le volverá a escribir. Akiro, puede ser un pseudónimo del personaje dado que es mexicano, es el artista que reside en Puerto Rico y que completa el círculo de amistades. Pintor, cuentista, analista político y bohemio por antonomasia, Akiro juega el papel de la conciencia colectiva en la novela y es uno de los que habla sin tapujos de la realidad colonial que vive la isla. Con estos dos personajes sabemos como es el proceso epistolar dentro de la novela, que a través de ellas conocemos la realidad en el transcurso del tiempo. Todos esperan que Eddy haga algo en el exilio, hablan de él en las librerías, en los cafés y hasta las primas y amigas de Yolanda que están inmersas en el consumismo preguntan cómo le va por España, él sólo se limita a traducir.

Como tercer enfoque en la novela me interesa el final, dado que ocurre algo que no era común en el curso de la novela. Sabemos que el tiempo en la misma se da entre marzo a julio por las diferentes menciones de los meses que hace el protagonista. El estilo de la intertextualidad escogido por el autor le otorga más cohesión a la obra, porque en las cartas, recibos de pago, traducciones, biografías, bibliografías de libros etc. es que está la trama. Podemos concluir que el que está leyendo todo eso es el mismo personaje, o sea que su lector implícito es el mismo Eddy. Dije al principio que su final tiene algo que no es común en toda la novela, hice mención de todo lo anterior para establecer su importancia. Si lo observamos muy detenidamente, nos damos cuenta que a pesar de los cambios de punto de vista y las retrospecciones de Eddy, su final es narrado por Yolanda. ¿Por qué el autor decide hacer esto? Una respuesta sería que Yolanda es el verdadero personaje principal en la novela, en cuya responsabilidad recae el escribir a sus amigos y familiares. Otra posible contestación es que el autor lo hace adrede para sugerir el problema psicológico por el que está pasando Eddy. Yolanda, una lectora voraz de Freud le explica lo de los sueños de matar al padre, cosa que se dilucida en un fluir de conciencia de Eddy, pero no queda muy claro. En donde lo del asesinato queda claro es en la carta que le envía el Dr. Olmo, en el que se menciona el juicio de la mujer que mató a su padre, también puesta en duda porque al parecer Eddy haló el gatillo. Una posible verdad escondida por Yolanda los obligó a irse del país por los remordimientos que sentía Eddy. La última y no menos plausible, es la entrever la realidad de dos personas que escogen la fuga antes de quedarse a vivir en un país que destila subordinación. El espacio donde se encuentran los dos juega un papel muy importante; en una habitación fría, donde no hay calefacción y los personajes metidos en bulto de ropa sucia nos dice mucho sobre la situación política, social y cultural del país. Algo similar decía Doña Chón en La guaracha del Macho Camacho: la vida es un lío de ropa sucia, sería una acertada figuración.

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