sábado, 3 de mayo de 2008

Morir por la paz

Un intento de mini-cuento.

Los antiguos habitantes del país tomaron una solución pacífica para resolver todos sus problemas. Su vida giraba en torno a la paz. El gobierno y la iglesia no eran necesarios. Los aires de tregua se respiraban en cada hogar a todas horas del día. Las palabras guerra y discordia fueron borradas de todos los diccionarios junto con lo relacionado a ellas. Por ejemplo, de la Primera Guerra Mundial se sustituyó la palabra del medio por Fiesta, así sucesivamente. Tan férreas eran sus convicciones, que cada vez que alguno de sus ciudadanos olvidaba el código de tranquilidad y difería de otro, ambos lo resolvían salvando la paz. Iban hasta el acantilado más cercano a la ciudad y subían a la roca más alta que daba donde rompía el oleaje. Aquí es que se hacía el último intento de salvar el sosiego y si no, ambos se abrazaban y se lanzaban por el precipicio; la paz volvía a prevalecer. Un día la ciudad amaneció vacía.

2 comentarios:

Luis Ponce Ruiz dijo...

Me gustó, J.J. Tiene ese interesante tono entre profecía e historia antigua. Hay algo de Antlántida en ese cuento, de una razón insensata, de un pragmatismo vil, de la esperanza perdida.

Hay algunos detalles que quizás debas refinar (entiendo que querías una crítica completa), sobre todo la utilización de la palabra "sucesivamente", además de cuidar que el país del principio lo cambias a ciudad en el final.

Saludos desde La tribu.

J. J. Rodríguez dijo...

Ponce, que bueno verte por aquí. Siempre tu crítica será bienvenida, gracias por el consejo y que bueno que te haya gustado.

J.J. (mano, sé que esos libros de leyes son extensos, pero no te pierdas)